Sexualidades en disputa: De los crímenes de odio a la regulación

transFotografía de LaraMazagatos

Bienvenidas y bienvenidos a Desencanto y Revuelta. Mi nombre es Mónica. Hace apenas unas semanas discutíamos cómo nos gustaría cerrar el año. Como muchas veces en La Historia, aunque pocas veces contada, una mujer, nuestra compañera Citlalli, vino a irrumpir este espacio con una propuesta, la de discutir y tomar postura ante un “tema de coyuntura”: Los transfeminicidios y su invisibilidad. El debate (histórico) sobre la regulación del trabajo sexual en el marco del proceso constituyente de la Ciudad de México. Yo, como siempre en estos temas, me enganché y aquí me tienen leyendo algo que escribí desde la entraña para todos ustedes. Lo hago desde mi privilegio de mujer cis, en este sistema capitalista al que mucho le conviene seguir manteniendo una organización social del sexo basada en el género, la heterosexualidad obligatoria y el control de la sexualidad femenina (y junto con ella, las sexualidades disidentes). Esta matriz sexual heteronormativa-reproductivista, en donde, de acuerdo a los genitales con que naces, se te es asignado un lugar, social, simbólico y material. Una identidad y un deseo.

Si naces con vagina y vulva, en el espejo verás a una mujer, te gustarán los hombres heterosexuales, tendrás que casarte con uno de hecho, tener hijos y trabajar. Hombre en cambio será quien haya nacido con pene y testículos, haya escogido una buena esposa, tenga que trabajar para proveer lo necesario en casa, con hijos, aunque sea uno para que no se dude de su virilidad. Y así por los siglos de los siglos de la reproducción. Cada uno con su parte de La Historia: la de la reproducción de los medios de existencia (trabajo remunerado y doméstico) y la reproducción de nuestra existencia como especie (embarazo). Cualquier persona que se salga de su lugar en el cis-hetero-patriarcado será sancionada. Para quienes gozamos del privilegio cis, dicho castigo quizá no pase del introyecto de la mujer en falta, de la envidia del pene, o bien, del señalamiento de la “tortillera por mal cogida”. Pero a las mujeres trans, su transgresión les está costando la vida. ¡Claro!, entre más lejos te encuentres de tu lugar, mayores riesgos de morir. Y si, además, como mujer trans te dedicas al trabajo sexual, compartes los peligros que corren el resto de las luciérnagas de noche que iluminan con sus tacones de lucha, las grandes avenidas de esta Ciudad; las del privilegio cis, pero, habitantes bajo tierra de la sociedad de clases. Las chicas de la extinta “zona de tolerancia” en Castaños, Coahuila, en 2006, ganaban en una noche lo que en un mes de trabajo en la maquila.

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